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martes, 7 de septiembre de 2010

Alabar a Dios - Salmo 104




POR: Juan Carlos Quintero Canal
Candidato al Diaconado Permanente
Diócesis de Soacha - Colombia



La finalidad del salmo 104 es alabar a Dios; puede ser considerado un himno, pues en el texto existe sentido propio y su comprensión, pese a tener relación especial con el salmo 103, 105 y 106, no requiere necesariamente de otros textos, aunque pude verse como una versión poética del Génesis.



En la estructura del Salmo se pueden identificar 6 partes:
· Dios en su morada – V 1-4.
· Creación de la tierra y separación del agua. V 5-9.
· Cuidado de la tierra y sus moradores. V. 10-18.
· El paso del tiempo. V. 19-23.
· Providencia de Dios. V. 24-30.
· Alabanza Dios. V. 31-35


En el salmo se contempla todo un cosmos, siendo las palabras claves: mar y tierra, nubes y sol, plantas y animales, luz y tinieblas, vida y muerte y de todo ello se muestra la presencia de Dios, lo cual hace ver una situación de contemplación y admiración por parte del autor, quien a su vez y por la forma de describir el entorno, evidencia que tiene relación especial con la naturaleza y se ubica dentro de ella.



El contenido del salmo se puede analizar en grupos de versículos, presentando los varios mensajes que se encierran en el.


Bendice, alma mía, al Señor; Señor Dios mío, ¡cuán excelsa tu grandeza!Te has vestido de majestad y esplendor.


“bendecir, es un término de raíz latina que significa decir bien, decir algo bueno sobre algo o alguien; desearle un bien” [1]



En este contexto, el salmo transmite a quien lo lee u ora sobre lo que el alma, que procede de Dios, debe decir sobre su Creador. El reconocer bien lo que Dios ha hecho en nosotros al darle un aliento a nuestro cuerpo, se constituye en agradecimiento nuestro hacia El.


De igual manera, el revestimiento que en Dios se ve, a través de todo lo que ha creado, es un motivo para que reconozcamos lo grande e infinito que es su poder. Pero podríamos preguntar ¿Cómo es esa revestidura? Y en efecto, se puede ver por medio de todo lo que nos rodea: Las flores, los campos, el cielo, la tierra, el mar, etc., lo cual es ratificado en el desarrollo del salmo.


Al comprender este mensaje del salmo, sin duda alguna entendemos que nosotros y todo cuanto nos rodea son fruto del amor de un ser que tiene que recibir de nuestra parte albanza y adoración, esto entonces nos conduce a aplicar bien lo que debemos hacer con nosotros y con lo que tenemos.


2 Te envuelves de luz como con un manto, y extiendes los cielos como una cortina.
3 Cimientas tu habitación sobre las aguas,pones las nubes por tu carroza, cabalgas sobre las alas del viento.



Luz debe indicarnos el fin de las tinieblas y el comienzo de la vida. Con la luz, podemos evidenciar lo que nos cubre y rodea. La luz es la obra de Dios que por amor tenemos y vivimos.


4 Haces a los vientos tus mensajeros, a las llamas de fuego tus siervos.
5 Asentaste la tierra sobre sus cimientos, para que jamás se mueva.
6 Con el abismo, como con un manto, la cubriste; las aguas cubrieron los montes.
7 A tu reto huyeron, al fragor de tu trueno corrieron.
8 Subieron a los montes y bajaron a los valles, a los lugares que tú les asignaste.
9 Fijaste los límites que no debían pasar; no volverán a cubrir la tierra.


Entre los versículos 4 al 9, evidenciamos obediencia y respeto de lo que es natural por quien naturalmente lo ha creado. Es maravilloso encontrar en el relato como la fuerzas de la tierra, representadas en el viento, el agua y las montañas, ceden ante la voluntad Divina. Desde este punto no se debe olvidar que al igual que todos los demás elementos, somos creación del mismo ser y que por ese hecho, somos llamados no a destruir, sino a construir y obedecer a quien es el real arquitecto de la creación.


10 Enviaste los manantiales a los valles; fluyen entre los montes.
11 Todas las bestias del campo beben de ellos, y los asnos salvajes mitigan su sed.
12 Junto a ellos las aves del aire hacen sus nidos, y cantan entre las ramas.
13 Desde tu morada en las alturas riegas los montes; del fruto de tus obras se sacia la tierra.
14 Haces brotar hierba para los rebaños, y plantas para el uso de la humanidad;
15 Para que produzcan alimento de la tierra: vino que alegra el corazón,
16 Aceite que hace brillar el rostro y pan que fortalece el corazón.
17 Se llenan de savia los árboles del Señor, los cedros del Líbano que él plantó.
18 Allí anidan los pájaros;en sus copas la cigüeña hace morada.
19 Los riscos son madriguera para las cabras monteses,y los peñascos para los hiráceos.
20 Hiciste la luna como señal de las estaciones,y el sol conoce su ocaso.
21 Haces las tinieblas, y viene la noche, en la cual rondan las fieras de la selva.
22 Los leoncillos rugen por la presa, buscando de Dios su comida.
23 Sale el sol, y se retiran, y se echan en sus guaridas.
24 El hombre sale a su trabajo, y a su labor hasta la tarde.
25 ¡Cuán múltiples tus obras, oh Señor Hiciste todas ellas con sabiduría;la tierra está llena de tus criaturas.
26 He allí el grande y anchuroso mar, en donde bullen criaturas sin número, tanto pequeñas como grandes.
27 Allí se mueven las naves, allí está ese Leviatán, que modelaste para jugar con él.
28 Todos ellos te aguardan, para que les des comida a su tiempo.
29 Se la das, la recogen; abres tu mano, se sacian de bienes.
30 Escondes tu rostro y se espantan; les quitas el aliento; expiran y vuelven a su polvo.
31 Envías tu Espíritu y son creados; así renuevas la faz de la tierra.
32 Perdure la gloria del Señor para siempre; alégrese el Señor en todas sus obras.
33 El mira a la tierra, y ella tiembla; toca los montes, y humean.



Entre los versículos 10 y 33, el salmista muestra la admiración que siente al encontrar que Dios genera perfección y equilibrio entre la tierra y sus criaturas, colocando cada elemento en su lugar, para que uno sea sustento e indicador del otro.


El hogar de las aves, el agua del ganado, la hora de trabajar y la sábila de las plantas, cumple con el ciclo se cumpla según la voluntad del creador. No ve el salmista en esta parte del escrito una mano de equidad diferente a la de Dios mismo, por lo cual es coherente pensar que el equilibrio debe guardarse bajo la autoridad divina y no por pensamiento humano.


34 Cantaré al Señor mientras viva; alabaré a mi Dios mientras exista.
35 Que le sea agradable mi poema; me regocijaré en el Señor.
36 Sean consumidos de la tierra los pecadores, y los malvados dejen de ser.
37 Bendice, alma mía, al Señor. ¡Aleluya!

Al terminar el Salmo, el salmista evidencia su profundo sentimiento, agradecimiento y deseo de alabar sin fin a quien todo lo ha hecho perfecto.

Dios creador, deja ver su poder en la creación, su amor en los detalles, su dedicación en lo que entrega y perfección en la armonía de todo. Bajo este contexto, debemos reflexionar:

· ¿Reconocemos en Dios el creador de todo y de nosotros mismos?.
· ¿Damos gracias a Dios por lo que nos ha regalado?.
· ¿Conservamos adecuadamente lo que Dios con su amor nos ha entregado?
· ¿Patrocinamos las guerras, la destrucción y el exterminio?.
· ¿Enseñamos con esmero y dedicación a nuestro prójimo quien es Dios, como se manifiesta y como debemos admirar y agradecer por su obra?.
· ¿Cada día nos sorprendemos por la perfección de la obra de Dios?.

En este contexto la alabanza se convierte en profesión de fe en Dios Creador y Redentor, en celebración festiva del amor divino que se expresa creando y salvando, dando la vida y la libertad. El último versículo del Salmo, como se ha dicho, invita a todo lo que respira a alabar al Señor. Se puede pensar, afirma el Papa, que en este coro de alabanzas al Creador de parte de sus criaturas, una parte esencial esté reservada a la criatura humana. A través del ser humano, portavoz de toda la creación, los seres vivos alaban al Señor.”[2]


Reflexionar sobre la maravilla que se nos da con la creación del mundo y todo lo que en el existe, nos conduce a recapacitar sobre el uso y trato que le damos a todo lo que contiene la tierra; forzar, alterar, mover desde el capricho de la mente, no son parte del plan de Dios, pues bajo el poema que representa este salmo, todos y cada uno de los elementos y criaturas creadas, tiene lo que necesitan, no mas, no menos. Es sabio el decir que la tierra tiembla, que los montes humean y que el espíritu renueva, pues son la clave sobre el quien decide y el quien altera. Dios es sabiduría y el hombre rebeldía, esto se refleja en el estado que hoy tiene la creación.

BIBLOGRAFIA

CAZELLES, HENRY (1981). Introducción crítica al Antiguo Testamento, Barcelona: Herder.
MORLA ASENSIO, VÍCTOR (1994). Libros sapienciales y otros escritos, Estella: Verbo Divino.
DOS SANTOS, MARCELO, Salmo 104. Revista Axxón.
GUNKEL, HERMANN (1933), Introducción a los Salmos. Ed EDICEP. ISBN 84-7050-084-8


Revisión cibergráfíca.
o Catholic.net
o Liturgiadelashoras.org
o http://www.missionstclare.com/
o http://www.radiovaticana.org/



[1] Jorge Peñacoba, http://www.sontushijos.org/ 13/10/07
[2] http://www.radiovaticana.org/spagnolo/archiviospa/2002/02enero/14enero.htm